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Knitting time: the Honeycomb Stitch


Things I like to work on.

1. Learning new knitting stitches. The more complicated the better.

This one from the photo is called “Honeycomb” and I got the pattern from here.

I chose a variegated yarn as the main color and a beige yarn as the contrasting one.

So far, I’m just making a big rectangle that might become a stroller blanket or a shrug.

2. Baking. I’m learning how to use my new bread machine and it’s an exciting/frustrating time (50-50).

3. Making lists😉

 

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Lámpara vieja, lámpara nueva

img_3911Harta de la lámpara que tenía en el pasillo, decidí transformarla. No tengo una buena foto de la susodicha antes de deshacerla. Solo esta:


Y, aunque no lo parezca, era roja. Esa misma mañana terminó la pobre en la mesa de autopsias:


Si os encontráis en una situación similar, queréis renovar una lámpara y preferís hacerlo con tela, os bastaría con despegar las partes como hice yo y utilizar las dos telas como patrones para medir y cortar las nuevas.

Yo decidí centrarme en el anillo grande donde está el orificio por el que se coloca la bombilla y tratar de hacer algo distinto.

Me gusta el origami y tenía un montón de pajaritas o grullas de papel que estaban esperando en una caja a que les encontrara un destino mejor en esta vida.

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Las fui ensartando con ayuda de aguja e hilo. Entre grulla y grulla, unas cuentas de color oscuro:

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En total, hice unas 30 guirnaldas de este tipo, unas más largas que otras (entre 5 y 10 grullas de papel por guirnalda). Cuando terminé, las até al aro exterior y tapé las uniones con una cinta de raso verde.

Mi inspiración para esta lámpara fue la visita a Hiroshima de hace dos años. Estuvimos allí pocos días antes del aniversario de la bomba atómica y tanto el museo como el memorial nos impresionaron mucho a los cuatro.

Las grullas de origami son todo un símbolo de ese lugar que nació de la mano de Sadako Sasaki, una niña que solo tenía dos años cuando Estados Unidos bombardeó Hiroshima. En 1955 le diagnosticaron una grave leucemia por culpa de la exposición a la “lluvia negra” y su compañera de hospital le contó la leyenda japonesa que promete la concesión de cualquier deseo a quien pliegue mil grullas de origami. Durante su estancia allí, y hasta su muerte pocos meses después, se distrajo haciendo cientos de grullas.

sadako

En el Parque de la Paz de Hiroshima está esta estatua dedicada a Sadako con la dedicatoria:

“Este es nuestro grito, esta es nuestra plegaria: Paz en el mundo”

 

 

 

 

 

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New York Bagels sin salir de casa

Una recetita para que probéis este fin de semana con tiempo.

Los bagels son unos panecillos con forma de rosca. Al parecer, según el sr. Wikipedia, son de origen polaco y se hicieron muy populares entre la comunidad judía. Para mí, es una de las delicias culinarias que asocio con Nueva York. La última vez que estuvimos allí, mi amiga Doreen nos llevó a Ess-a-Bagel, uno de los mejores sitios para probarlas.


Pero no el mejor, el mejor es tu propia casa. Hace unos meses, decidí intentarlo, al menos una vez, y me di cuenta de que no era tan difícil como pensaba. Ayuda, eso sí, tener una máquina panificadora para evitarte el amasado, pero también los he hecho sin máquina y no lleva mucho tiempo más.

Y, ahora, al grano. Después de probar varias, esta es la receta ganadora.

Ingredientes

Para la masa:

235 ml agua

1 1/2  cucharada (tamaño café) de sal

2  cucharadas (soperas) de azúcar blanco

360 gr harina

2  1/4  cucharada (tamaño café) de levadura seca de panadería (granulada)

Después necesitaremos:

Unos 3 litros de agua

2 cucharadas (soperas) de melaza o azúcar moreno

Para decorar y “personalizar”:

1 clara de huevo batida, semillas varias, queso rallado, cebolla frita…

Elaboración

Si tienes máquina panificadora, añade los 235 ml de agua, la sal, el azúcar blanco, la harina y la levadura a la cubeta. Sigue las instrucciones de tu máquina panificadora para hacer una masa de pan.

Si lo vas a hacer a mano, mezcla todo en un cuenco hasta obtener una masa con la que puedas hacer fácilmente una bola. Después, ponla sobre una superficie enharinada y amásala durante 10-15 minutos, hasta que la masa quede elástica y suave.

Pon de nuevo la masa en un bol (uno untado con aceite), tápalo con plástico de cocina y déjala en reposo durante unos 45 minutos o más (hasta que veas que ha doblado en tamaño).

Corta la masa en 9 trozos y da forma a los bagels. Yo hago una bola con cada una de esas nueve partes y después le hago un agujero en el medio con el pulgar, abriéndolo bastante con las manos para que quede grande y no se cierre el agujero más adelante.

 Tapa los bagels y déjalos reposar durante un par de horas.


Aprovecha para echarte una siesta, dar un paseo o o ver tu serie favorita, te lo has ganado.


Pon a hervir los 3 litros de agua en una olla poco profunda y grande. Añade el azúcar moreno o la melaza y, cuando hierva, coloca los bagels en el agua de uno en uno. Deja que cuezan 3 o 4 minutos y dales la vuelta con la ayuda de una espumadera. Otros 3 o 4 minutos y los sacas directamente a la bandeja, forrada con papel de horno, que vas a meter en el horno (precalentado a 190 grados).


Es el momento de barnizar los bagels con la clara de huevo y un pincel de cocina. Puedes dejarlas así o añadir semillas de amapola, de girasol, de sésamo, queso rallado, trocitos de cebolla frita, etc.

Si las vas a tomar con algo dulce, puedes añadirles trocitos de frutos secos o frutas deshidratadas directamente a la masa (pasas, arándanos secos…).

Al horno durante unos 25 minutos o hasta que se doren. Como este tiempo depende en gran medida de cómo sea tu horno, la primera vez vigílalos un poco para que no se quemen.

Saca los bagels, déjalos en una rejilla para que enfríen y a disfrutar de ellos. Los puedes tomar tal y como salen o meterlos en la tostadora unos minutos. A mí me gustan así, tostados, y con crema de queso y salmón ahumado o jamón cocido, por ejemplo.

Enjoy!

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Huerto en una mesa

Se acercaba el cumpleaños de Mike y tenía que pensar en un regalo para mi “dear husband”. Conociéndolo como lo conozco, sabía que le haría ilusión tener una mesa de huerto dentro de una terraza cerrada que tenemos en casa y poder así cultivar todo el año. Me lancé a buscar opciones por Internet y me decidí por una de Planeta Huerto. Es bastante grande, está hecha de madera tratada y en el kit de cultivo me mandaron además: un libro sobre huertos urbanos, la tela que se pone debajo de la tierra, productos ecológicos para tratar las plantas contra plagas y una herramienta de trabajo.
El regalo fue un éxito (plas, plas, aplausos, “Raquel, bien hecho”, me dije a mí misma).

La montamos entre los dos y fijé la tela con clavos.


Una vez colocada la tela, echamos grava para facilitar el filtrado del agua.


El siguiente paso consiste en colocar un bloque de sustrato de fibra de coco. Este tipo de relleno para macetas es muy útil en las mesas de huerto porque pesa poco y facilita el poder mover después la mesa si es necesario.


Se va humedeciendo con agua poco a poco y va creciendo hasta varias veces su volumen.


Una vez preparada la fibra de coco, añadimos perlita (silicatos de origen volcánico que se expanden y son muy porosos y ligeros).


Añadimos por último el humus de lombriz. Un abono de muy buena calidad.


Estos son los productos ecológicos anti-plagas que usaremos.


Ya solo quedaba plantar las semillas (ahora mismo tenemos tomates, guisantes y pimientos), regar y esperar.

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Cultivar setas en casa

¡Hola, gentecilla! ¿Cómo os ha ido el mes de enero? Ya casi se acaba. Así que, si aún no habéis pensado en algunos propósitos para el año nuevo, este es el momento.

En casa tenemos el propósito de comer cada vez mejor y más sano. Es un propósito que reciclamos de año en año. Hace poco, por ejemplo, invertimos en una licuadora de calidad para hacer zumos de frutas y verduras aprovechando al máximo sus vitaminas y otras propiedades. Son licuadoras de prensado en frío. Os las recomiendo. La idea surgió cuando vi uno de esos aparatos en la feria Biocultura de Madrid.


Fue allí también donde descubrimos la idea que os traigo hoy. Una manera divertida y sencilla de cultivar setas en casa. Es sencilla porque la empresa que prepara estas cajas ya te lo da casi todo hecho, solo tienes que regarlas un par de veces al día. Y divertido porque es tan sencillo que pueden participar todos, niños y mayores, y ver cómo crecen las setas día a día. Dentro de la caja hay una bolsa que ya viene preparada con las semillas de las setas plantadas en posos de café. Una manera muy imaginativa de reciclarlos.

La caja que compramos es de la empresa Esporas, que produce setas de forma ecológica y cooperativa. Con estas cajas se pueden cultivar en casa setas de la especie Pleurotus Ostreatus (Champiñón Ostra) que, además de tener un nombre que parece de dinosaurio, están ricas ricas.

Cuando por fin salieron, despues de muchos días de esperar y regar, las preparamos en casa de la ajillo y nos encantaron a todos. Muy buen sabor y con la ilusión que da comer algo que has cultivado tú mismo.

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Para esos cables que tanto se lían 

No sé si habréis visto en las tiendas este tipo de accesorio para los auriculares.

Suelen ser de plástico y su forma nos permite enrollar los cascos y mantenerlos allí entre uso y uso, evitando que el cable se enrede.

Me pareció algo útil y me decidí a hacerme uno casero.

Empecé dibujando y cortando la forma (más bien imperfecta).

Utilicé para ello las tapas de plástico de unos cuadernos viejos de mis hijos.

Hice dos “haches” y las uní con celo.

 Corté dos trocitos de fieltro gris un poco mas grandes y, para darles un toque más alegre y personal, bordé unas cosillas en uno de ellos.

Después, solo quedaba forrar con el fieltro las “haches” de plástico, coserlo con puntadas decorativas y cortar después el fieltro.

¡Y ya está!

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De París a Portland

Tras la locura del viernes 13 en la que nunca debería dejar de ser la Ciudad de la Luz, seguimos con el susto en el cuerpo y la tristeza de vivir aquí cerca, en Europa, lo que desgracidamente ocurre todos los días en otros lugares del mundo menos fotogénicos.

Personalmente, llego a la conclusión de que no hay nada como conocerse una misma para poder sobrevivir estos días con un mínimo de cordura.

Cuando el odio y la intolerancia muestran sus horribles rostros, cuando las cosas se ponen feas y necesito algo que me distraiga de la realidad (siempre con un ojo en los informativos), nada como entretener las manos con algún proyecto creativo y artesanal.

Llevaba algún tiempo sin utilizar mi telar y, en cuanto he podido encontrar un hueco después del trabajo, me he puesto a ello.

He utilizado para la urdimbre de este chal una marvillosa lana Malabrigo (made in Perú) que llevaba tiempo queriendo utilizar: es una mezcla lujosa y suave de seda y alpaca.

La otra lana que he usado la compré este verano pasado en Portland (Oregón) y me ayudará a recordar esa fantástica ciudad cada vez que use el chal/bufanda.

Esta foto refleja muy bien el espíritu de la ciudad.

Lo más laborioso es preparar la urdimbre. Hay que sujetar el telar a una mesa, medir la lana, enhebrar después los cabos… Cuando compré este telar hace un par de años, no tenía ni idea de cómo hacer estas cosas. Afortunadamente, tenemos acceso a todo tipo de vídeos con instrucciones y explicaciones en YouTube y otras plataformas, como Pinterest.

Ya sé que soy un poco friki, pero es que me encantan estas cosas: lanas, texturas, colores…

Una vez preparada la urdimbre, la labor avanza rápido y es muy gratificante ir viendo, pasada tras pasada de la lanzadera, cómo aparece el tejido poco a poco, casi como por arte de magia. Este chal mide unos 35 cm de ancho y 145 cm de largo (sin incluir los flecos) y tardé unas 6-7 horas en terminarlo.

Como os digo siempre, animaos a probarlo. Y después, me lo contáis.

Aprovecho el sol de este noviembre cálido para enseñaros el resultado final.