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Lámpara vieja, lámpara nueva

img_3911Harta de la lámpara que tenía en el pasillo, decidí transformarla. No tengo una buena foto de la susodicha antes de deshacerla. Solo esta:


Y, aunque no lo parezca, era roja. Esa misma mañana terminó la pobre en la mesa de autopsias:


Si os encontráis en una situación similar, queréis renovar una lámpara y preferís hacerlo con tela, os bastaría con despegar las partes como hice yo y utilizar las dos telas como patrones para medir y cortar las nuevas.

Yo decidí centrarme en el anillo grande donde está el orificio por el que se coloca la bombilla y tratar de hacer algo distinto.

Me gusta el origami y tenía un montón de pajaritas o grullas de papel que estaban esperando en una caja a que les encontrara un destino mejor en esta vida.

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Las fui ensartando con ayuda de aguja e hilo. Entre grulla y grulla, unas cuentas de color oscuro:

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En total, hice unas 30 guirnaldas de este tipo, unas más largas que otras (entre 5 y 10 grullas de papel por guirnalda). Cuando terminé, las até al aro exterior y tapé las uniones con una cinta de raso verde.

Mi inspiración para esta lámpara fue la visita a Hiroshima de hace dos años. Estuvimos allí pocos días antes del aniversario de la bomba atómica y tanto el museo como el memorial nos impresionaron mucho a los cuatro.

Las grullas de origami son todo un símbolo de ese lugar que nació de la mano de Sadako Sasaki, una niña que solo tenía dos años cuando Estados Unidos bombardeó Hiroshima. En 1955 le diagnosticaron una grave leucemia por culpa de la exposición a la “lluvia negra” y su compañera de hospital le contó la leyenda japonesa que promete la concesión de cualquier deseo a quien pliegue mil grullas de origami. Durante su estancia allí, y hasta su muerte pocos meses después, se distrajo haciendo cientos de grullas.

sadako

En el Parque de la Paz de Hiroshima está esta estatua dedicada a Sadako con la dedicatoria:

“Este es nuestro grito, esta es nuestra plegaria: Paz en el mundo”